¿Oh, y ahora, quién podrá defendernos? Cada cierto tiempo se instala en nuestra agenda política, la queja por el aumento de la delincuencia.

Me da la sensación de que es un reclamo que no obedece a índices objetivos de incremento o disminución de la tasa de los delitos, pues su nivel se mantiene relativamente constante año tras año, sino más bien este malestar podría tratarse de un asunto de saturación emocional producto, tal vez, de la agenda de los medios de comunicación o a instancias de algún sector político que busca sacar dividendos de un problema sin solución.

Cuando me desempeñé en mi cargo de vocero de la Fiscalía Oriente, más de alguna vez me tocó dar la cara ante los medios que indagaban sobre la ola de asaltos en el sector oriente de la capital. Contaba con antecedentes precisos de horarios en que bandas se dedicaban a ingresar a las casas, amarrar a sus moradores, amenazarlos con armas de fuego o cortopunzantes, y llevarse en sus vehículos las especies codiciadas:plasmas,DVDs, equipos electrónicos, joyas, ropa fina, etc.

Pero, ¿de qué sirve el dato de que los robos se producen los días de semana, entre las 18.00 y 20.00 horas? ¿De qué sirve advertirle a la población de que sus rejas y alarmas evitan a los ladrones de moradas, pero no a los “peligrosos asaltantes” de casas?

Hoy se nos llama a protestar con cacerolas por el aumento de la delincuencia. Nos llaman a protestar de la misma manera que la democracia protestó contra la dictadura militar chilena. Pero más allá de la hipocresía o de la utilización oportunista de este mecanismo de protesta, ¿servirá de algo para que las autoridades nos defiendan de los asaltantes?

El problema de fondo no se resuelve con más carabineros por las calles, si los jueces son formados en una doctrina garantista donde se exige un nivel de prueba imposible de cumplir para lograr condenas a quienes perpetran estos delitos. No se resuelve, si los legisladores modifican el cuerpo legal, puesentre los jueces que deben aplicar las normas, podrían haber algunos que se desentiendan, interpretando a su arbitrio las leyes.

Tampoco se resuelve con jueces más duros y empáticos con el clamor ciudadano, pues una vez que el delincuente egresa de la cárcel no consigue empleo con tal currículum manchado. No se resuelve tampoco con el mito de la mayor educación, pues sabemos que quienes educan no tienen tiempo ni preparación adecuada para transformar a estos individuos peligrosos en ciudadanos respetables y respetuosos. Entonces, ¿la delincuencia en los hogares es un problema sin solución?

La fantasía universal recurre a los superhéroes para brindar paz a la calamidad de la delincuencia. Batman y Robin protegían a Ciudad Gótica de los villanos. Hacía lo similar “El Hombre Araña” (Spiderman), para qué decir Superman, o a otra escala el Hombre Nuclear, la Mujer Biónica, entre tantos que recuerdo haber disfrutado en mi niñez. Pero el drama es que los superhéroes no existen.

chapulinChespirito interpretando al “Chapulín Colorado” encarnó probablemente al único héroe legítimo y posible que necesita la sociedad, un hombre mediano de estatura, sin mayor fortaleza corporal, que carece de poderes especiales y que es miedoso, pero con un gran espíritu de servicio. Quizás ese espíritu del chapulín se requiera con urgencia en una sociedad chilena cada vez más enferma y dañada.

Nuestro país hace poco se descubrió a sí mismo y pudo ver lo que somos y lo que tenemos. Ese jaguar patriotero y arrogante que sacaba pecho ante sus vecinos “sudacas” y que escupía al cielo, le cayó el escupo en su propio rostro. Somos un país que erigió hace más de treinta años una educación superior privada con la estructura jurídica de corporaciones sin fines de lucro, que supuestamente no lucraban, pero que todo el mundo sabía que lo hacían, haciéndonos los lesos; un país donde las campañas políticas eran financiadas por privados, afectando la independencia de los gobernantes y legisladores, pero nos hacíamos los lesos; un país donde los comerciantes, empresarios, profesionales a toda escala piden que les hagan una boleta o una factura para rebajar impuestos, haciéndonos los lesos; un país donde lasAFPs no permiten jubilaciones dignas, y todos tendremos que trabajar hasta fallecer, pero nos hacemos los lesos; donde las Isapres obtienen ganancias estratosféricas, a cambio de una salud mediocre, que envían una carta para reajustar planes, sabiendo que sólo el 10% recurrirá a la Corte para detenerla, negocio redondo y nos hacemos los lesos; un país donde los bancos, las cuentas de electricidad, de agua, de gas, de televisión cobran de más y si alegas, ni siquiera piden disculpas y te regresan el “excedente”, pero nos hacemos los lesos; un país donde se paraliza por marchas estudiantiles que exigen educación gratuita y de calidad, pero con profesores que ingresaron a la universidad con bajísimo puntaje, cuya preparación es muy dudosa y que sabemos no será mejor, pero nos hacemos los lesos; un país, donde tiene una delincuencia que nos exaspera, pero que sabemos que ningún gobierno, nunca hará nada por nosotros, aunque queremos creer que sí lo hará, pero nos hacemos los lesos.

¿Oh, y ahora, quién podrá defendernos?

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